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Seleccionada nacional, jugadora de Leones de Quilpué y de la casa de estudios, Universidad de Chile, Javiera Campos continúa ampliando su carrera internacional tras llegar en calidad de préstamo a El Bigua para disputar el torneo de clausura de la Liga Femenina Argentina.
En conversación con la base de 23 años, repasamos sus inicios en el básquetbol, los desafíos que han marcado su trayectoria y la forma en que convive con sus distintos roles en la selección, el club y la universidad.
Trayectoria y formación
Mis primeros pasos fueron en la Calera, una comuna de Valparaiso, partí a los seis años, así que desde chiquitita. Me dí cuenta que quería el básquetbol para grande porque siempre he sido competitiva en mi vida y en los primeros partidos nosotras no éramos muy buenas, siempre perdiamos por mucho y después cuando ganamos la primera competencia fue lo mejor que me había pasado y ahí decidí que no me quería salir del básquet.
¿Hubo algún obstáculo importante en tus primeros años como jugadora que te haya hecho crecer o replantear tu camino?
Bueno, yo creo que fue la selección, cuando me llamaron por primera vez. Saber que me habían llamado a una categoría mayor. Quizás yo en mi categoría me sentía cómoda y al subir no me sentía suficiente, me sentía inferior. Estos procesos en los que uno va y no queda y dice “estoy entregando todo y no quedo”. Pero yo creo que ahí está el gusto del básquet, de seguir intentándolo, de saber que todos sacrificamos algo.
Tengo que seguir creciendo, tengo que seguir mejorando, porque hay otra persona que también quiere. Yo creo que los procesos de selección han sido de esa mentalidad, de seguir adelante. Uno dice que hay que sacrificarse, que el esfuerzo lo es todo, pero al final no lo es todo, porque mis compañeras de la selección hacen lo mismo que yo.El esfuerzo es clave, pero siempre hay algo más.
Selección, club y universidad
Has representado a Chile, a un club profesional como Leones de Quilpué y a la Universidad de Chile ¿Cómo manejas estos tres roles sin que se limiten entre sí?

Yo creo que Julita (Julia Acevedo), la entrenadora de la Universidad de Chile y de Puente Alto, desde que me tomó en la Chile me ha ayudado demasiado a crecer como jugadora, me ha formado, me exige, yo creo que ella sabe como manejarme, cuando tiene que despertarme, decirme “ tú puedes”, y ahora que llego acá a Los Leones, Diego y Álvaro, siempre están ahí pendiente de mí, están pidiéndome un poco más.
Yo sé que cuando llego a Los Leones es un rol que tengo, cuando vengo a la Chile es otro, la selección es otro. Entonces, mi mente también, cuando voy camino a entrenar, digo “ahora tengo este rol”, porque uno cuando va creciendo va asumiendo diferentes roles. Gracias a mis entrenadores, a mis compañeras, yo sé cuál es mi rol e intento ejecutarlo lo mejor que pueda.
¿Cuáles crees que son las diferencias en estos tres espacios?
En la selección nos juntamos muy buenas jugadoras, las mejores de Chile. Sabemos que estamos entregando algo para el país, y ahí es intentar conectar entre nosotras, porque somos todas muy buenas jugadoras de clubes, que quizás destacan en sus respectivos clubes, que meten veinte, veinticinco puntos, y aquí tenemos que intentar encontrar esa química para conocernos. Creo que es muy diferente en un club donde quizás tenemos más tiros cada una, diecisiete tiros por partido, y en la selección una va a tener cinco, seis tiros, y ese es tu rol, aprender eso.
En la universidad es momento de enseñarles a las más chicas, entre comillas, las que son mechonas de lo que significa jugar por la U. Que es un momento de crecer, de aprender, de conocernos, que también es un buen nivel, si lo piensas, la mitad de mis compañeras juegan en clubes, o más de la mitad. Contagiarnos con esa energía de lo que significa en verdad representar a la U, de lo que estamos haciendo, porque somos estudiantes y a la vez estamos en una buena universidad. Tenemos que rendir académicamente, pero también podemos disfrutar de estos momentos que se nos dan, porque la U tiene buen equipo, salimos a mundiales 3×3. Se trata de contagiarnos con esas ganas de que no se queden solo estudiando, que el deporte aquí no va a morir.
Experiencia internacional
Durante tu carrera has sido parte de equipos internacionales como Defensor Sporting Club en 2024 y Club Atlético Obras Sanitarias en 2025. ¿Qué diferencias notaste entre el básquet chileno, el argentino y el uruguayo?

Yo en Uruguay llegué a jugar casi las fases finales, que serían como los playoffs acá en Chile. Yo creo que la diferencia del básquet en Uruguay es que es más de lectura. Quizás acá hay un poco más de roce, es un poco más físico; allá es más táctico, técnico y más largo. Acá se jugó un play-in de tres partidos, allá las finales fueron de cinco, y se cruzan todos con todos.
Creo que es una liga más profesional porque es más larga y se mezclan las zonas. Eso es muy importante porque, por ejemplo, acá el sur juega solo con el sur y aquí jugamos solo con el centro, y nunca nos cruzamos. La única forma de que nos crucemos es en las etapas finales. Yo creo que eso es lo más importante.
Igual que en Argentina, es muy profesional. Tienes tu ropa, tu equipamiento, te dan alimentación y también los equipos se cruzan. La liga es más larga, tiene play-in, playoff, semifinal y final, la liga se hace competitiva y es llamativa de ver. Todos los partidos se transmiten por algún canal, cada club tiene que arreglárselas para transmitir. En Argentina transmiten todos los partidos, es una gran diferencia porque es atractivo. En Uruguay lo daban por la televisión, entonces a la gente le interesa ver.
Sabemos que Argentina está a un nivel mucho más arriba que nosotros: la calidad de Obras, El Talar, de Ferro, que están todos los días entrenando siete veces a la semana. Tienen disponibilidad de cancha, de gimnasio, la ropa, y algunas jugadoras se dedican al básquet, no como nosotras. Quizás para nosotras el básquet es más como un hobby, que también puede ser. Todas estas cosas hacen una diferencia.
En Uruguay ganaste la Liga Femenina con Defensor Sporting. ¿Cómo viviste ese campeonato y qué significó para ti?
Era mi primera vez saliendo para jugar en otra liga, no había salido antes, y creo que salió perfecto, más que haber ganado el campeonato, caí en un equipo que era una familia. Igual es difícil de encontrar un espacio donde te acepten en tan poco tiempo, porque yo llegué y teníamos que jugar un viernes de los últimos partidos de fase regular, y ya el lunes siguiente jugamos playoff contra el bicampeón. Me acuerdo que el primer entrenamiento tenia un poco de nerviosismo, por lo que conllevaba, pero nos asociamos muy bien, la gente era muy amable.Creo que fue perfecto, más que por el campeonato, sino donde caí. Yo volvería a ir a ojos cerrados, no lo pensaría dos veces si tuviera que volver.
Proyección e identidad
¿Qué te gustaría aportarle al básquetbol chileno desde tu experiencia?
Las ganas de querer jugar, independiente de todo lo que uno tenga que hacer. Si uno quiere jugar básquet, no hay excusa. No rendirse, el básquet se juega intenso, tiene que ser así, no bajar los brazos es algo que es un poco difícil y siempre hay que estar corriendo. El básquet tiene muchas referentes y ojalá ser una de ellas y que las niñas se contagien de querer jugar, es un deporte muy bonito, que da mucho.
¿Cuál ha sido la lección más importante que te ha dejado este deporte?
Por más difícil que se vean las cosas, siempre va a haber algo bueno al final. Aunque uno no vea nada, que todo está saliendo mal, al fin y al cabo hay algo que va a resultar. Siempre hay algo que sale. No rendirse nunca, independientemente de las situaciones que están mal.
